quarta-feira, 29 de dezembro de 2010

O que as pessoas não sabem

E depois passa o que passa quando o software não tem sistemas para evitar os pânicos e acabam por reforçá-los. Este artigo apareceu no jornal espanhol "El Mundo" em 29/12/2010.

Las máquinas que controlan la economía


Sergei Aleynikov ha sido declarado culpable de robar un algoritmo. Y le pueden caer 10 años de cárcel. Un algoritmo es, según el Diccionario de la Real Academia, "un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema". Y, también, "un método y notación en las distintas formas del cálculo". Nadie conoce los detalles del algoritmo que robó Aleynikov. Pero sí hay una cosa clara: es una herramienta matemática que permite a su propietario, el banco de inversión Goldman Sachs, ganar millones de dólares al año.

Aleynikov no era un 'trader' de Goldman Sachs, sino un programador de ordenadores del banco, en el que cobraba 400.000 dólares brutos anuales (300.000 euros). En 2009 este ciudadano estadounidense emigrado de Rusia en 1991, recibió una oferta de 1,15 millones de dólares brutos (875.000 euros) para irse a trabajar a Teza Technologies, en Chicago. Aleynikov aceptó y decidió llevarse el algoritmo con él, transfiriéndolo a un servidor en Alemania. Goldman Sachs le descubrió. Y acabó en la cárcel.

Teza Technologies quería el algoritmo de Goldman porque es una empresa que hace 'trading de alta frecuencia'. O, como se le conoce en Estados Unidos, 'HTF' ('High Frequency Trading'). Es un tipo de operación en mercados financieros basado en el uso de ordenadores y programas informáticos que compran y venden en literalmente milisegundos todo tipo de activos financieros. Es un sistema prácticamente desconocido por el gran público, pero que se ha convertido en el rey de los mercados.

Así, mientras la opinión pública sigue pensando en las viejas mesas de contratación atendidas por jóvenes con camisa y corbata mirando una pantalla mientras chillan "compra" o "vende", la gran mayoría de las transacciones financieras del mundo las hacen ordenadores programados y almacenados en edificios como el nuevo centro de datos por valor de 76 millones de euros que Atlantic Metro Communications está construyendo cerca de Wall Street, para acomodar fundamentalmente ordenadores, técnicos y programadores.

Cada una de esas máquinas rastrea permanentemente el mercado, analizando las diferentes plataformas de contratación—sean éstas bolsas, mercados de renta fija o materias primas, prácticamente a la velocidad de la luz. Su objetivo es encontrar tendencias en la evolución de los precios de los activos, o anormalidades en el mercado.

Operando a 0,0025 segundos

Por ejemplo, una acción de una empresa puede cotizar durante unos segundos un céntimo más cara en Frankfurt que en Londres. En ese caso, el ordenador compra esas acciones en Londres y las vende en Frankfurt. O puede estar lanzando constantemente órdenes de compra y venta, buscando infinitesimales diferencias de precios con las que hacer beneficio. En el fondo, es el clásico 'comprar barato y vender caro', pero con márgenes de decimales y en tiempos que no superan los 0,0025 segundos.

Los márgenes son minúsculos. Pero el volumen de las operaciones, inmenso, como demuestra que los alquileres del edificio de Western Union en el número 60 de la calle Hudson -el centro de comunicaciones más próximo a Wall Street— se hayan disparado.

Pero con el HTF también han crecido las incertidumbres. Porque no hay que olvidar que el mercado queda, así, en manos de máquinas. Según la revista Institutional Investor, nada más y nada menos que entre el 50% y el 70% de todas las transacciones en todas las Bolsas de Estados Unidos se realizan por medio de 'trading de alta frecuencia', a pesar de que esta técnica sólo empezó a popularizarse a partir de 2004.

En el mercado de divisas su presencia es aún más reciente: llegó en 2007, y ya supone el 25% del mercado 'spot' (al contado), de acuerdo a este estudio del Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS, según sus siglas en inglés). Eso significa que 283.000 millones de euros en monedas cambian de manos cada día por medio de este sistema.

Los expertos afirman que las cifras son más pequeñas. "El HTF emplea muy poco capital. Si, por ejemplo, dicen que un banco invierte un millón de dólares en 'trading de alta frecuencia', puede ser en realidad que un ordenador haya comprado y vendido 20 veces acciones por 50.000 dólares", ha explicado a ELMUNDO.es Irene Aldridge, autora del libro 'High Frequency Trading' y socia del Able-Alpha Trading, una consultora especializada en estas operaciones.

Eso explica aparentes paradojas como que, según la consultora británica TABB, el 'trading de alta frecuencia' supusiera el 60% de los intercambios de títulos en EEUU y el 40% en el Reino Unido en 2009, pero sólo alcanzara un volumen de negocio de 16.000 millones de euros. La mayor parte de las operaciones de este tipo son de autocartera, o sea, realizadas con fondos propios —no de los clientes— por los bancos y fondos.

Las ventajas

Las ventajas de este trading son evidentes. Con el 'análisis fundamental', que se basa en examinar los estados financieros de una empresa, "se puede lograr una rentabilidad del 5%, pero se tarda dos semanas", explica Aldridge, ya que hay que analizar la información y dar las órdenes de compra. Con el HFT el margen es del 0,1%, pero se repite muchas veces a lo largo del día. Además, en este segmento del mercado, los costes están cayendo constantemente. El ordenador que valía 2 millones de euros en 1984 cuesta hoy 1.000, aunque eso no incluye programarlo, algo que es mucho más caro.

El HFT, está transformando de arriba abajo la operativa de los mercados financieros. Sus consecuencias son cuatro:

  • La transformación de los brokers en una especie en peligro de extinción. "Los bancos están reemplazando a todos esos intermediarios que les cuestan millones de dólares al año con ordenadores", explica Aldridge. Un ordenador como los utilizados en HFT no cuesta más de 1.000 euros. A su vez, programarlo no sale por menos de 225.000 euros, si bien normalmente la cifra real es mucho más alta. En todo caso, esas cantidades son inferiores a las de un 'broker' que cobra fácilmente 2 ó 3 millones de euros cada año;

  • La destrucción del análisis técnico, es decir, del examen de los 'charts' y gráficos de bolsa. En realidad, el HTF sólo ha acelerado una tendencia desatada con la llegada de los 'quants', es decir, de expertos —a menudo físicos, astrónomos o matemáticos— capaces de desarrollar modelos de análisis de los valores cada día más sofisticados. El 'trading de alta frecuencia' no puede sobrevivir sin este tipo de sistemas, por lo que su demanda es cada día mayor. Así, el hedge fund Renaissance Technologies, probablemente el más rentable del mundo, tiene 300 empleados, y ni un solo economista. Su fundador, Jim Simons, era uno de los matemáticos más prestigiosos de EEUU, con una amplia carrera en el mundo académico y en el de la Defensa, hasta que a los 40 años decidió que ya estaba bien de investigar y que iba a aplicar sus conocimientos matemáticos a buscar tendencias en el mercado y diferencias imperceptibles en precios. El resultado: una fortuna de 6.500 millones de euros, según 'Forbes';

  • La creación de una nueva generación de instituciones financieras, desconocidas por el gran público, pero que están entre las más rentables del mundo y que, además, frecuentemente no tienen sus cuarteles generales en Nueva York o el Londres. Renaissance—que está cerca de los Hamptons, una zona turística a 200 kilómetros de Nueva York—es sólo una de ellas. Otras destacadas son Getco —en Chicago—y Tradebot—en Kansas City—, las 'número uno' y 'dos' del sector, respectivamente, con un volumen de transacciones diario superior en cada una de ellas a los mil millones de acciones. En total, entre 200 y 400 bancos, brokers y fondos realizan ‘trading de alta frecuencia’ de forma regular en EEUU, aunque los activos con los que operan son de lo más normal: Citigroup, Bank of America, General Electric e Intel han sido los cinco valores más negociados por estos traders entre abril de 2008 y abril de 2010, según la consultora Woodbine Associates;

  • La explosión del mercado. Hasta hace apenas tres o cuatro años, la mayor parte de las operaciones de cambio de divisas, por ejemplo, se hacían por teléfono. Ahora, cada día se utilizan más ordenadores y HTF. La consecuencia, según el BIS, es que el volumen del mercado de divisas ha crecido un 20% en tres años, hasta rozar los 4 billones de dólares diarios (3 billones de euros) "a pesar de la crisis financiera de 2007 a 2009 y de las recientes turbulencias en el mercado de bonos soberanos europeos".

Ahora bien, el 'trading de alta frecuencia' también es controvertido. Como ha señalado el senador por Delaware Ted Hauffman "tenemos todos esos gorilas, y ¿sabes qué? los metemos en zoos con gente que no tiene ni la autoridad ni la información para manejarlos".

Y es que el 'high frequency trading' tiene muchos enemigos. Por varios motivos. El más obvio, como señala Hauffman, es que no está regulado. Para complicar las cosas, estas operaciones se llevan a cabo a menudo en los llamados 'dark pools', es decir, mercados en los que el comprador y el vendedor no se identifican, con lo que la opacidad de la operación es total. En tercer lugar, los 'traders de alta frecuencia' suelen operar con muy poca liquidez, con lo que, "pueden caer como dominós si un acontecimiento inesperado les obliga a mantener posiciones en las que registran minusvalías por poco más de unos segundos", como han explicado Nicholas Paisner y Edward Hadas en el boletín 'online' Breakingviews.

También está el hecho de que los algoritmos no tienen en cuenta la calidad de la gestión de una empresa o la situación política de un país que acaba de realizar una emisión de bonos: a ellos sólo les interesa el precio y la marcha del mercado. Para los ordenadores, los bonos de Portugal, España, Grecia, Francia o Bélgica no son deuda de países con Gobiernos, sindicatos y situaciones políticas diversas, sino simplemente activos financieros que comprar y vender. En ese contexto, los ordenadores refuerzan de forma dramática las tendencias del mercado.

Así se pueden producir aberraciones como las sucedidas durante el 'flash crash', es decir, el famoso derrumbe de Wall Street del 6 de mayo, cuando el parqué neoyorkino perdió 998 puntos en cinco minutos y los recuperó en otros quince. En aquella ocasión, el operador de alta frecuencia Tradervox llegó a vender, en un claro ejemplo de cómo pueden reaccionar los ordenadores en un contexto de caos, acciones del gigante de la consultoría Accenture por un centavo de dólar, a pesar de que la empresa cotizaba a cuarenta dólares antes de que el mercado, literalmente, se volviera loco.

Pero ésa es sólo la parte negativa del HTF. Los defensores de este sistema usan casi los mismos argumentos para ensalzar sus ventajas. Afirman, en primer lugar, que los algoritmos "no ven la televisión ni oyen la radio, así que no son proclives a pánicos ni a euforias especulativas", como señala Aldridge. Es decir: estabilizan el mercado. Al mismo tiempo, su operativa incrementa, al menos en teoría, la liquidez del mercado.

Lo cierto es que, mientras el debate continúa, el high frequency trading sigue creciendo. Los esfuerzos de los demócratas del Senado de EEUU por regularlo están virtualmente paralizados después de que en las elecciones del pasado 2 de noviembre los republicanos, que se oponen de plano a cualquier control, lograran una minoría de bloqueo lo suficientemente grande como para impedir cualquier reforma. Y, al fin y al cabo, hay que tener en un cuenta que, por mucho que se eche la culpa a los ordenadores, los programadores son siempre seres humanos. De hecho, el 'flash crash' del 6 de mayo no empezó con ningún ordenador, sino complemente con un operador que dio una orden de venta de Accenture tan monstruosamente alta que tumbó él sólo el mercado.

Lo cual puede ser bueno o malo. Como afirma en sus memorias 'My Life As a Quant? Emanuel Derman, un físico sudafricano que fue uno de los pioneros de los métodos cuantitativos en Wall Street, y que hoy da clase en la Universidad de Columbia, "a capacidad de provocar tremenda destrucción con tus modelos es una fuente de enorme responsabilidad". Por ahora, sin embargo, a quien han traído más destrucción los algoritmos del ‘trading de alta frecuencia’ es a Sergei Aleynikov.


Entrevista a Sebastian Mallaby

Sebastian Mallaby. | Getty

Sebastian Mallaby. | Getty

La historia del los hedge funds 'More Money Than God' ('Más dinero que Dios'), de Sebastian Mallaby, fue derrotada por 'Fault Lines', del ex economista jefe del FMI Raghuram Rajan, en la lucha por el Premio al Libro Financiero del Año de Goldman Sachs y Financial Times. Aún así, la obra de este ex periodista de 'The Economist' y actual investigador del Consejo de Relaciones Exteriores, que también ha sido finalista dos veces al Pulitzer, se ha convertido en uno de los libros del año en EEUU.

Pregunta: ¿Está la crisis de la deuda de España, como dicen algunos, generada por ordenadores que usan HFT captando diferencias diminutas en el precio y el interés de los bonos?

Respuesta: Al contrario. Todas las operaciones en Europa son ahora fruto del análisis de la situación política. Eso se debe a que en el ‘macro trading’ [operaciones basadas en acontecimientos macreoconómicos, como la supervivencia del euro o la recesión en España] los Gobiernos tienen un poder enorme. Si un hedge fund llegara a la conclusión de que el BCE no va a seguir comprando deuda española indefinidamente o que no va a haber un rescate del país si la situación empeora, podría atacar a España. Pero sólo lo haría para acelerar un colapso que ya se iba a producir por sí solo.

P.- Algunos fondos cuantitativos han detectado una relación entre el buen tiempo y las subidas de la bolsa, y otros entre la cotización de la aerolínea United Airlines y la papelera International Paper. Hasta el verano, el precio del petróleo y del cobre iban de la mano, igual que los de la energía y las materias primas agrícolas. ¿No dispara eso la volatilidad del mercado, al conectar activos que no tienen nada que ver entre sí, máxime usando HFT?

R.- Yo creo que los sistemas cuantitativos no generan más volatilidad. Por ejemplo, en 1980, la plata y el precio del ganado tenían una correlación del 100% [es decir, sus precios evolucionaban exactamente igual] cuando los Hermanos Hunt [dos inversores especializados en oro y en materias primas preciosas] tuvieron que cerrar sus posiciones en ambos mercados. Así que pueden producirse correlaciones sin sentido sin necesidad de usar 'Quants'.

P.- Los primeros 'grandes' de los hedge funds —como Alfred Winslow Jones o Soros— usaban mucho el análisis técnico. Ahora utilizan más el análisis cuantitativo y el HFT.

R.- Sí, Robertson [uno de los gestores de más éxito de los ochenta y noventa con su fondo Tiger, es decir, Tigre] se basaba mucho en análisis cuantitativo, pero también analizaba factores como la moral del equipo gestor de las empresas en que invertía. Y esa tradición se mantiene con los 'cachorros del Tiger0 [los fondos herederos de Tiger]. Pero Jim Simons [el fundador de Reinassance] es más cuantitativo y propenso al trading de alta frecuencia. Éste es un tipo de 'trading' que no existía en los 80, pero que está ganando importancia, sin duda.


terça-feira, 7 de dezembro de 2010

A teia da dívida


Ora aquí temos a teia da dívida na Europa. É, obviamente, uma versão simplificada mas que dá para ter uma ideia.

sábado, 27 de novembro de 2010

Gato por Lebre

Na revista Human deste mês de Novembro vem uma entrevista com Manuel González, um filósofo e Psicólogo espanhol. O que diz o artigo é que que eleitores são seduzidos não pelo conteúdo da mensagem mas pela forma como os políticos falam e apresentam as propostas. Ou seja, as pessoas julgam por "como falam e olham" em vez de analisar o conteúdo da mensagem. Depois desta introdução fala da forma como o Zapatero tem levado o país à ruína. É preciso não esquecer que, quando o Aznar saiu, Espanha tinha superavit e o custo da divida espanhola era inferior à alemã. É assim mesmo, não é engano. Espanha era mais fiável que a Alemanha.

Bom, mapeando para Portugal temos o mesmo problema. De não ser assim, como é que se explica termos um vendedor de banha da cobra, mentiroso compulsivo (o curso, a TVI, etc.), incompetente, como primeiro ministro ? Temos o mesmo problema que Espanha: a justiça nas mãos dos políticos (como esta limpou o rabinho ao Sócrates no caso das escutas), os boys nas grandes empresas por causa dos contactos (na PT, Mota, por exemplo), boys nas empresas que acabam de ter relações com as adjudicações (o caso dos chips, por exemplo), etc. Todos falam mal dos ciganos mas são de certeza mais honrados que esta casta de políticos corruptos que temos.

Temos um sistema político que não permite as Tea Party porque este está reservado aos partidos e os cidadãos só podem participar dentro de estas estruturas corrompidas e corruptoras.

Oiço as pessoas a queixar-se mas ninguém se lembra que votar tem consequências. Se votamos em vendedores de feira (que me perdoem os vendedores de cobertores que são, seguramente, gente honrada), temos o que merecemos, cobertores furados e cheios de traça. Olhem à vossa volta e vejam se não é verdade.

Resumindo, os eleitores são hipnotizados pelas falinhas mansas e não pelo conteúdos da mensagem.

Aqui fica o artigo.

domingo, 21 de novembro de 2010

Frei Fernando Ventura sobre a situação do País

No passado dia 2 de Outubro de 2010, Frei Fernando Ventura deu uma entrevista na SIC Notícias. Não é clarividência, é sentido comum que é o que falta aos políticos corruptos e corruptores tugas e aos que os elegem.

Podem ver aqui o vídeo:

sábado, 20 de novembro de 2010

20 a Química

Na prova do Curso de Química, foi perguntado:
- "Qual a diferença entre SOLUÇÃO e DISSOLUÇÃO?"

Resposta do aluno:
- "Colocar UM dos POLÍTICOS PORTUGUESES num TANQUE DE ÁCIDO para que DISSOLVA é uma DISSOLUÇÃO. Colocar TODOS é uma SOLUÇÃO!"
E completou:
- "Se se Liofilizar, teremos o mais puro Extrato de Pó de Merda do mundo!"

sexta-feira, 12 de novembro de 2010

Força Mário

Só hoje é que me chamaram a atenção para um artigo do Mário Crespo de Dezembro de 2009. Está aqui mas trancrevo-o para ma minha meómria futura. Aqui vai:

O Palhaço

2009-12-14

MÁRIO CRESPO, JORNALISTA

O palhaço compra empresas de alta tecnologia em Puerto Rico por milhões, vende-as em Marrocos por uma caixa de robalos e fica com o troco. E diz que não fez nada. O palhaço compra acções não cotadas e num ano consegue que rendam 147,5 por cento. E acha bem.

O palhaço escuta as conversas dos outros e diz que está a ser escutado. O palhaço é um mentiroso. O palhaço quer sempre maiorias. Absolutas. O palhaço é absoluto. O palhaço é quem nos faz abster. Ou votar em branco. Ou escrever no boletim de voto que não gostamos de palhaços. O palhaço coloca notícias nos jornais. O palhaço torna-nos descrentes. Um palhaço é igual a outro palhaço. E a outro. E são iguais entre si. O palhaço mete medo. Porque está em todo o lado. E ataca sempre que pode. E ataca sempre que o mandam. Sempre às escondidas. Seja a dar pontapés nas costas de agricultores de milho transgénico seja a desviar as atenções para os ruídos de fundo. Seja a instaurar processos. Seja a arquivar processos. Porque o palhaço é só ruído de fundo. Pagam-lhe para ser isso com fundos públicos. E ele vende-se por isso. Por qualquer preço. O palhaço é cobarde. É um cobarde impiedoso. É sempre desalmado quando espuma ofensas ou quando tapa a cara e ataca agricultores. Depois diz que não fez nada. Ou pede desculpa. O palhaço não tem vergonha. O palhaço está em comissões que tiram conclusões. Depois diz que não concluiu. E esconde-se atrás dos outros vociferando insultos. O palhaço porta-se como um labrego no Parlamento, como um boçal nos conselhos de administração e é grosseiro nas entrevistas. O palhaço está nas escolas a ensinar palhaçadas. E nos tribunais. Também. O palhaço não tem género. Por isso, para ele, o género não conta. Tem o género que o mandam ter. Ou que lhe convém. Por isso pode casar com qualquer género. E fingir que tem género. Ou que não o tem. O palhaço faz mal orçamentos. E depois rectifica-os. E diz que não dá dinheiro para desvarios. E depois dá. Porque o mandaram dar. E o palhaço cumpre. E o palhaço nacionaliza bancos e fica com o dinheiro dos depositantes. Mas deixa depositantes na rua. Sem dinheiro. A fazerem figura de palhaços pobres. O palhaço rouba. Dinheiro público. E quando se vê que roubou, quer que se diga que não roubou. Quer que se finja que não se viu nada.

Depois diz que quem viu o insulta. Porque viu o que não devia ver.

O palhaço é ruído de fundo que há-de acabar como todo o mal. Mas antes ainda vai viabilizar orçamentos e centros comerciais em cima de reservas da natureza, ocupar bancos e construir comboios que ninguém quer. Vai destruir estádios que construiu e que afinal ninguém queria. E vai fazer muito barulho com as suas pandeiretas digitais saracoteando-se em palhaçadas por comissões parlamentares, comarcas, ordens, jornais, gabinetes e presidências, conselhos e igrejas, escolas e asilos, roubando e violando porque acha que o pode fazer. Porque acha que é regimental e normal agredir violar e roubar.

E com isto o palhaço tem vindo a crescer e a ocupar espaço e a perder cada vez mais vergonha. O palhaço é inimputável. Porque não lhe tem acontecido nada desde que conseguiu uma passagem administrativa ou aprendeu o inglês dos técnicos e se tornou político. Este é o país do palhaço. Nós é que estamos a mais. E continuaremos a mais enquanto o deixarmos cá estar. A escolha é simples.

Ou nós, ou o palhaço.

sábado, 16 de outubro de 2010

Relatório da Casey Research - A crise acabará numa depressão inflacionária

A coisa assusta mesmo. O pior é que (des)governantes nos mantêm na ignorância porque a verdade causaría graves problemas e ataría as mãos dos governos para o que vão fazer. Assim, quando isso suceder, dirão que não esperavam isto, etc., enfim, as mentiras e manipulações do costume. Mas leiam o relatório que saiu resumido em Libertad Digital.

De todas as formas eu reproduzo-o aqui:

La crisis culminará en una depresión inflacionaria


La salida de la crisis podría venir marcada por un fin de fiesta inesperado y dramático: una escalada inflacionaria de imprevisibles consecuencias pilotada desde los gobiernos, incapaces de pagar lo que deben.


FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA

Ya no es un misterio para casi nadie –excepción hecha del Gobierno español– que estamos lejos de salir de la crisis. Es más, casi todos los analistas coinciden en que, tras una aparente mejoría a mediados de este año, más pronto que tarde la economía mundial volverá a hundirse de nuevo en una segunda fase depresiva pero aún peor que la primera. Es lo que se conoce como crisis en W por la forma gráfica que adoptarían todos los principales índices.

El gran enigma es saber si el segundo acto será deflacionario –como el primero– o inflacionario, a imagen y semejanza de las dos crisis que padeció occidente durante los años 70 (crisis del petróleo). La Reserva Federal de EEUU (FED) espera y se dedica con ahínco a ello, a que de la crisis se salga mediante un periodo inflacionario que "limpie la habitación" cancelando deudas a mansalva.

La ecuación es sencilla. Si debemos 1 millón de euros, pero la moneda en la que se contrató el préstamo se devalúa un 50%, al final en realidad tan sólo acabaremos pagando medio millón. De esta forma se produce una destrucción de riqueza que, aparentemente, beneficia a los deudores pero que, en la práctica, termina devastando la economía.

La voluntad política de cancelar deudas mediante inflación es lo que está llevando a todos los analistas a decantarse por un ya inevitable brote inflacionario de imprevisibles consecuencias. El último en predecir el estallido inflacionario que se avecina es el prestigioso Doug Casey, que acaba de publicar un informe en el que da por seguro el brote inflacionario en un momento muy cercano. Entre seis y veinticuatro meses desde el momento presente asistiremos a una revolución de los precios hacia arriba, que es la consecuencia más apreciable (y más ruinosa) de la inflación.

Aunque parezca mentira ésa es la política económica de emergencia que han terminado por adoptar las autoridades monetarias, dependientes, no hay que olvidarlo, de los gobiernos. La guerra de divisas no es más que el trasfondo de una inmensa operación de destrucción masiva de las monedas, especialmente del dólar, que vale menos que nunca.

El presidente de la FED, Ben Bernanke, cual aprendiz de brujo, espera que una vez se haya reducido la deuda la economía se reactive, pero podría encontrarse ante algo inesperado, la más temida de las crisis económicas, el peor de los escenarios: la estanflación, un tipo de crisis en el que al nulo crecimiento económico y la atonía inversora se le unen altas tasas de desempleo y una inflación galopante. Estados Unidos y el mundo desarrollado ya probaron el veneno estanflacionario en los 70 con desastrosas consecuencias.

Esta vez podría incluso ser peor, ya que entonces quedaban ciertos referentes que hoy se han perdido. Las distorsiones que el Estado ha creado en la economía durante los últimos treinta años son de tal calibre que difícilmente terminarán saliendo gratis. En 1973, por ejemplo, año en que estalló la primera crisis del petróleo, hacía sólo dos años que se había cerrado la ventanilla del oro. El dólar se cambiaba entonces a unos 40 dólares la onza y, aunque no hacía más que depreciarse, la boya seguía a la vista porque estaba muy cercana en el tiempo.

Por aquel entonces los Estados Unidos disfrutaban de un generoso superávit comercial, es decir, no importaban todo de todas partes a cambio de billetes verdes como vienen haciendo desde hace un par de décadas. Los mercados financieros no estaban tan sobrerregulados como hoy en día y mostraban mucho más acertadamente la situación real de la economía. Por último, lejos de mantener sine die los tipos de interés artificialmente bajos, se dejaron subir, encareciendo con ellos no sólo el acceso al crédito, sino el pago de la deuda soberana, por lo que los gobernantes se lo pensaron mucho más a la hora de contraer nuevas cargas en forma de gasto público.

El escenario hoy es el inverso. Los 31 gramos de oro puro necesarios para fundir una onza valen casi 1.400 dólares, el Gobierno de Barack Obama cuenta con el dudoso privilegio de tener la mayor deuda pública de la historia del país, y los tipos son tan bajos que el dinero no cuesta nada.

De la crisis de los 70 se salió desrregulando la economía y bajando impuestos, pero la serpiente ya había puesto el huevo y empezaba a incubarlo. Conforme la Unión Soviética, el bloque del este y sus experimentos sociales se iban al garete, los gobiernos occidentales, animados por la bonanza, empezaron a gastar más y a hacer crecer el tamaño del Estado hasta los desmesurados límites actuales.

Todo este gasto fue posible gracias a las mejoras de productividad que permitió la revolución tecnológica y, sobre todo, a grandes cantidades de dinero de nueva creación. El manejo a discreción por parte de la banca central de los tipos de interés llevó a la creación de grandes cantidades de dinero vía crédito barato. La consecuencia es que llevamos veinte años viviendo por encima de nuestras posibilidades, es decir, gastando mucho más de lo que producimos. Y esto es insostenible en el tiempo.

Los últimos años, los de la burbuja inmobiliaria, corresponden al periodo barroco de esta era dorada del dinero fiduciario y la expansión crediticia sin límite. Al final el modelo colapsó en 2008 como un castillo de naipes. Por una razón la mar de simple: es imposible mantener nuestro creciente nivel de vida con nuestro decreciente aporte productivo. No es casualidad, por ejemplo, que las empresas tecnológicas deslocalicen sus departamentos de ingeniería a la India. No es que los indios sean más listos, es que hacen el mismo trabajo por menos dinero.

Por esa razón nos hemos endeudado todos. La deuda no es otra cosa que traerse riqueza del futuro, riqueza aún no creada que, presumiblemente, en algún momento futuro tendrá que generarse para amortizar lo prestado. Desde que estalló la crisis los factores están volviendo a ajustarse de un modo natural. Los salarios están bajando y las jornadas de trabajo aumentando. Eso siempre y cuando ciertos privilegios laborales no lo impidan, ya que en ese caso el empleo se ajusta destruyéndose, que es lo que, en última instancia, está pasando en mercados laborales rígidos como el español.

Por esta razón, para facilitar la autorregulación del sistema, los gobernantes deberían abstenerse de intervenir, pero están haciendo exactamente lo contrario, manteniendo con respiración asistida a sectores quebrados, subiendo impuestos y encorsetando aún más la economía.

Todo ese dinero lo obtienen los gobiernos de pedirlo prestado en el extranjero, es decir, financian gasto presente con ahorros de fuera, de nuevos y más duros impuestos o, directamente, monetizando deuda con el concurso entusiasta de, una vez más, los bancos centrales. El hecho es que al final no se ajusta nada, pero la deuda crece, al menos la soberana. La otra deuda, la privada, no lo hace porque nuestro poder de compra está basado en el crédito. Quienes lo conceden son reacios a seguir haciéndolo alegremente y, como es lógico, a estas alturas las expectativas de un futuro brillante en el que podrán afrontarse todas las cargas se han diluido.

En resumen, los individuos y las empresas están devolviendo lo que deben y eso provoca deflación, esto es, se valora menos la unidad monetaria y como consecuencia los precios bajan. En una economía tan apalancada como la actual es difícil que los agentes económicos vuelvan a pedir prestado, al menos en cantidades significativas. Este escenario, tan parecido al que Japón lleva padeciendo veinte años, es el que ha presidido la crisis desde hace algo más de dos años.

Pero como los estados se han negado en redondo a ajustarse e insisten –con Obama y Zapatero a la cabeza– en supercherías keynesianas de estímulo de la demanda, cabe la posibilidad (cada vez más plausible) de que llegue el momento de que los gobiernos encadenen suspensiones de pagos. En ese momento la única salida para evitar las quiebras soberanas sería devaluar la moneda vía inflación y zanjar el problema pagando menos de lo que se pidió. Este es, probablemente, el camino que tome la economía en los próximos dos años, según el citado estudio.

Los peligros de esta vía de escape inflacionaria son evidentes, pero van cada vez quedando menos alternativas. Los tipos de interés, por ejemplo, siguen bajos, pero sólo para que los gobiernos puedan devolver lo prestado a un tipo anormalmente bajo.

Estarán en ese nivel hasta que los políticos empiecen a utilizarlos como medida para frenar los espasmos inflacionarios. Es muy posible que entonces ya se les haya ido de las manos y nos encontremos ante un panorama espantoso de precios altos, divisas destruidas, desempleo y nulo crecimiento. Podría ser el último gran experimento y el verdaderamente necesario para acometer las reformas imprescindibles para que el sistema capitalista, y la libertad económica que lo acompaña, perviva.